martes, 22 de mayo de 2012

Aprendiendo a vivir... aprendiendo a amarte

Puede que muchas veces miramos al pasado y recordamos cosas desagradables. Errores y experiencias que nos marcan de por vida, incandescentes en el alma para siempre.

No hay cura para los males, no hay luz entre los tenebrosos miedos, no hay nada más que ansiedad, impotencia o desesperación. ¿Y qué más da? No hay razonamiento útil más que el propio aprendizaje obtenido por las malas experiencias. Pero todo lo que se aprende no es lo verdadero. Aprendemos, sin darnos cuenta, mentiras que chocan contra nuestra realidad preconcebida. Y cuando llegamos a ese punto límite en el que la única respuesta que nos damos a nosotros mismos es la del “Quiero, pero no puedo”, nos sentimos algo mejor. Una tirita para una herida que nunca dejara de sangrar si no se cura desde dentro.

Todos tememos enfrentarnos a grandes retos, poderosos enemigos o incluso a nuestro mayores miedos. Objetivos que son fáciles de tumbar si damos con la tecla adecuada. Pero en cambio, irónicamente no tememos a enfrentarnos a peor enemigo de todos; nosotros mismos. Mi yo contra mi yo, mi mente contra mi corazón... Una encarnizada lucha eterna que es totalmente inútil... si una parte de ti mismo mata a la otra, mueres... ¿No es tan bonito visto así verdad?

Imagina tu futuro, déjate llevar... ¿Que ves? ¿Qué tienes ahora? ¿Que necesitas? No te hagas más preguntas, no hace falta... lo demás sobra. Tu estas ahora en un punto y quieres llegar a otro, utilizando un medio. Nada más...

Tenemos demasiada prisa por avanzar, por pensar que pasara más allá del siguiente paso que vamos a dar; y muchas veces vamos demasiado adelante sin dar un paso. Preocuparse por el pasado es tan absurdo como preocuparse por el futuro... Está bien que tengas un plan, un rinconcito con él por si acaso, una carta debajo de la manga... pero pensar repetidamente por qué pasó y el pensar repetidamente el que del futuro te hace perder lo más importante de la vida... el presente.

Mostrándome abiertamente yo también me siento débil, sé que tengo mis cosas, mi carácter, mis defectos. Supongo que me cuesta ver mis virtudes, como a ti. Pero sé que las tengo, y no son pocas. De lo único que me enorgullezco de mí mismo es de ser quien soy... no hay otra. Me gusto a mí mismo, me quiero a mi mismo. Quizás no todo lo que debería, pero me quiero un montón. Qué coño, molo mil. Y quien no le guste, que no mire. Es imposible caer bien a todos, es imposible ser perfecto, es asqueroso ser perfecto... porque si fuéramos perfectos seriamos todos idénticos.

Yo quiero a una persona porque es así, y punto. No me enamore de un cuerpo, ni de una inteligencia, ni de un corazón, ni de una cartera, ni de un gesto... me enamore de un conjunto, de alguien tal como es, tal como era y tal como será.

Supongo que llegados a este punto, y con la certeza de que sé que está leyendo esto... Te amo tal como eres, nena. Con tus defectos, con tus enfados, con tus miedos, con tus manías... Solo lamento una cosa, y es no haberte conocido antes. Pero por otro lado, creo que te conocí en el momento ideal... cuando tu camino se cruzó con el mío. Ni un segundo antes, ni un segundo después.

Yo no lamento haber vivido lo que he vivido, porque me hace ser como soy. Y ser como soy me dio la oportunidad de estar contigo. El fin justifica los medios. Medios que me han hecho valorar cosas que antes no valoraba.

El amor perfecto no existe, es una fábula aburrida que acabaría cansando. La gracia de enamorarse de alguien, como lo estoy yo ahora, es la efervescencia con sus subidas y bajadas mágicas. Errores que nos abren la puerta al aprendizaje de como amar mejor. Pido perdón por todos mis fallos que he cometido hasta día de hoy y por todos los fallos que pueda cometer el próspero mañana... de la misma manera de disculpo los tuyo de ante mano. E imploro clemencia ante esos besos que has querido y nunca te di, esos abrazos que necesitabas cuando tu cuerpo esta frio, esas palabras de ternura que embaucan tus oídos y esos detalles que ansiabas. Por otro lado doy las gracias por esos despertares sorpresa, por esas canciones que tiñen mi mente de amarillo y rojo, por esas lagrimas que me has dejado secar, por esos suspiros que hipnotizan mi alma y esas carcajadas que me transportan al limbo. Minutos, segundos, en los que nos hemos necesitado el uno al otro y no hemos estado a cambio de horas de felicidad es un precio ridículo a pagar.

El gran problema que tenemos es regular nuestro limite, entre el bien y el mal, entre mucho y poco, entre lleno o vació... nos cuesta mucho moderar nuestra palabras o actos para no caer en la pesadez, en el mal gusto o en el desprecio. Y como no, nos equivocamos de nuevo. Ironías que pasan factura, heridas que tratadas a tiempo tienen cura con el amor, la sinceridad y la serenidad.

Mi mensaje es claro. Te amo, eso que quede claro a todo el mundo. Lo eres todo en mis mejores y en mis peores momentos. Cuando estas y cuando no, siempre te siento latir junto a mi alma. Fiel compañera de sueños y retos, amante y paño de lágrimas, mi aprendiz y maestra, el mayor de mis places cuando estás conmigo y el mayor de mis temores cuando no, fuente de esperanza y serenidad que hace que pierda la razón. A quien más de duele dañar y más salud me da al curar. Baúl de mis secretos, arquitecta de mis sueños, dueña de mi corazón, ladrona de mi alma, omnipresente en mi mente, pantera en la cama, compañera de aventuras, mi salvavidas más segura y como no la persona que buscaba en esta vida.

Que mis labios se gasten con tu piel, que mi voz se apague con tu nombre, que mi lengua se seque en tu cuerpo, que mis dedos dibujen eternamente tu cuerpo, que mi olfato se empape de tu olor, que mis ojos se apaguen con tu rostro, que mi cuerpo este apeado a tu vera, que las cadenas del destino nunca se rompan, que el tiempo se pare a nuestro paso, que el mundo se detenga por cada muestra de amor que nos demos, que los dioses nos tengan envidia, que los demás nos idolatren, que nuestro hijos nos tomen de ejemplo, que nuestro padres se sienta orgullosos, que los que nos quieran este cerca y los que nos odian desaparezcan, que la compresión sea nuestra armonía, que la razón sea nuestra canción, que la mentira se extinga, que la paz sea nuestro hogar, que los deseos se cumplan, que la felicidad nos abunde, que los años nos traten bien, que los recuerdos buenos ganen a los malos, que encontremos las respuestas, que nuestro mejor lugar sea allá donde estemos los dos... que... que... que te amo!.  


lunes, 18 de octubre de 2010

Jessica la zombie

Estos recuerdos los dejo para las próximas generaciones, para que entiendan por qué su mundo es como es. Lamento mucho morir de este modo, pero ahora ya es demasiado tarde... Aunque admito que este último año ha sido magnifico para mí. Y todo gracias a ella: Jessica; te amo a muerte y más allá.

Resumiendo al máximo la historia, para que lo entendáis fácilmente; el mundo a principios del siglo XXI era normal. Vivíamos en pleno boom informático y en la televisión empezaba a ser dominada por una rubia cateta que mataba por su hija. La mayoría de gente joven recibía entrenamiento mediante los videojuegos y apenas salíamos de casa excepto para emborracharnos o hacer tratos con el camello. Pero una tarde, todo empezó a cambiar. Dicen las malas lenguas que cierta compañía llamada Umbrella estableció múltiples restaurantes globalmente bajo el nombre de “Wok”. Los regentaban clones humanoides con capacidades de trabajo infinitas. Un cultivo salió de un laboratorio e infecto los múltiples alimentos y de repente la mayoría de gente se empezaba a comportar de una manera un tanto peculiar.

Recuerdo aquella tarde como si fuera ayer. Mis colegas y yo estábamos fumándola y bebiendo anticongelante embotellado y etiquetado como Vodka Vertical. Era barato y nuestro amigo paquistaní nos hacía descuento... pero no es el tema que nos concierne. Después de una fumada de las guapas y de liquidar media docena de botellas empezamos a ver cómo la gente saltaba enormes alturas, tenían capacidades de levitación, fuerza titánica o velocidad enorme. Nosotros comenzamos a reírnos pensando de la marihuana era de la buena y empezamos a ver múltiples luces de sirenas, fuegos, gente luchando por aquí y por allá... pero como mi barrio siempre ha sido conflictivo, no le di demasiada importancia. Pero para mi sorpresa al día siguiente me desperté con una apocalíptica resaca y cuando pensaba que estaba hecho una mierda, por el televisor vi que el “morao” de los demás era peor que el mío.

El caso es que sorprendido por el estado general de la gente yo salí a la calle decidido de investigar donde estaba el festival musical que me estaba perdiendo. Mis vecinas se abalanzaban sobre mí y yo entre escalofríos corría hasta el coche. Pero suerte la mía, que fui a atropellar a un yonki. Cuando salí a socorrerlo casi me muerde. ¡Era un zombi! Durante el resto de días me divertí sembrando el caos entre ellos con armas de caza, objetos contundentes, arcos y demás armas o artículos afilados. Alguno de mis colegas, mis ex profesores, desconocidos, en una residencia, en los barrios bajos apaleando lo que iban con pantalones cagaos escuchando reggaetón, en el parlamento... era divertido, pero al final decidí huir de la metrópolis cansado de matar tanto zombi. Y una vez instalado en una granja a las afueras, me dedicaba al cultivo y la granja mientras utilizaba los cobertizos como atalayas. Pero 3 meses después, todo cambio.

Entre una docena de nuevos allegados hambrientos de mis curvas estaba ella. Indefensa. Ese pelo cobrizo, esa sonrisa dentada, ese cuerpo tan bien definido quitado de un pequeño mordisquito de nada en el antebrazo. Y que estilo... con aquel escote enseñado esa piel tan pálida y amoratada, con la minifalda de flecos y esas medias de rejilla rotas custodiadas por unas botas altas. Quizás para mi gusto le sobraban las manchas de sangre pero nada se resistía a una ducha. Sin embargo lo que me enamoro fue su mirada; perdida, con los ojos claros, clarísimos... como si estuvieran vueltos con alguna venita hinchada. Así que acribille a sus compañeros y baje acercándome a ella. Ella me vio y corría a mis brazos, efusiva. Esquivando algún que otro mordisco la abrace y ella intentaba morderme la oreja, parece que venía con ganas de jugar conmigo. Finalmente la amordace un poco y le hice la manicura porque siempre intentaba arañarme, pero bueno cualquier otro diría que parecía una prostituta pero yo no, yo veía a mi amor de la vida.

Con el tiempo se acostumbró al agua y al peine. Cocinar para ella era relativamente fácil pues comía toda la carne que pudieras pero cruda. Trabajo me costó que al menos comiera con tenedor. Por las noches me acorrucaba y abrazaba su cuerpo frio como el hielo; durmiéndome mientras acariciaba su melena. Por las mañanas me ayudaba con el campo mientras deambulaba con una azada, siguiendo ella a las gallinas que andaban sueltas toda mona. Y las tardes veíamos una película mientras ella me metía mano insistentemente y nunca acaba de ver la película porque acaba besándole su carita, cuello y escote, al mismo tiempo que ella me acariciaba la espalda con fuerza metiendo sus deditos entre las costillas apasionadamente. Pero todo quedaba en eso. Me daba vergüenza pedirle algo más. Aun que he de admitir que el día que más le gustaba a ella era el domingo. Solíamos salir con el coche en busca de algún superviviente para que yo lo sedase un poco y luego le quitaba la mordaza para que ella disfrutara de un buen manjar. Luego se quedaba mansa y tranquila durante días. Me encantaba verla satisfecha y cuando llegábamos a casa nos bañamos para después ir a dormir.

Sus gruñidos me sonaban a palabras de amor, cada vez era más mansa y tierna. Yo me pasaba las horas mirándola. Me gane su confianza e intentaba cada vez menos morderme. Así que tome una dura decisión y empecé a probar a limpiarle los dientes porque su aliento era algo peculiar. Las semanas pasaban y ella poco a poco aprendía a peinarse con un estilo muy personal. Se vestía aunque luego me tocase retocarla. A ratos le quitaba el bozal y le empecé a besar sus morados labios, lástima que cuando le daba el punto intentaba morderme y tenía que volver a amordazarla. Se hizo una mujer muy fiel a mí, apegada, atenta... echaba de menos largas conversaciones y el hecho de no estar siempre pendiente de ella; pero respondía cuando la llamaba por su nombre. Jessica.

Pasaron 9 meses desde la infección global y apenas veías “zombis” por la zona. Empecé a odiar esa palabra porque para mí eran personas, algo agresivas, pero personas al fin y al cabo. Así que como llevaba ya medio año de relación, decidí volver a la ciudad en busca de supervivientes. Puede que con suerte mis padres siguieran con vida. Así que tomamos el coche y fuimos de viaje. Cuando llegue al barrio donde nací todo estaba lleno de balas y barricadas. Casas destrozadas y montañas de ceniza, supongo que por la quema de cuerpos infectados. Baje del coche y note como mi chica estaba hambrienta; así que primero nos dirigimos a casa de un antiguo compañero de clase que siempre me vacilaba. Por suerte seguía con vida y me dio paso a su casa. Tome un suvenir consistente y golpe su nuca. Mire a Jessica y le dije con palabras cariñosas “Desnúdate, te lo comes y luego te das una ducha. No quiero que mis padres se lleven una imagen equivocada de ti”. Ella comprendió mi mensaje y me fui a dar una vuelta por las calles donde me crie. Mientras me fumaba un cigarro en la puerta escuche un par de gritos pero nada grave, por lo visto no le di demasiado fuerte... pero sinceramente odio mostrarme violento delante de mi novia. Me encogí de hombros y proseguí con mi peculiar excursión hasta que pase realmente miedo. A lo lejos venia mi ex con unas gafas enormes de sol y un aspecto decrepito. Rápidamente cargue mi arma y apunte a su cabeza pero ella pidió piedad. En ese momento comprendí dos cosas. La primera era que las apariencias engañan y la segunda que mi ex sin arreglar da verdadero pánico.

Una vez recogí a mi niña, fui flechado a mi casa. Antes de entrar le limpie un poco las mejillas de algo de sangre y entre en casa con total naturalidad. Escuchaba ruido y fui a mi habitación a dejar mis cosas. La puerta estaba cerrada con llave como solía dejarla, genial. Abrí pero antes de encender la luz algo me mordió el bazo con fuerza. Vi mi vida pasar por delante, diapositiva a diapositiva. Encendí la luz para no fallar el disparo y era mi abuela. Asustado y alterado me libre de su mandíbula pero no tenía nada, no llevaba la dentadura postiza; menos mal. Así que fui a limpiarme las babas del brazo. Al salir del lavabo me alegro ver como mi chica congeniaba con la abuela, así que decidí buscar a mis padres.

Sorpresa la mía cuando empezamos a hablar de lo ocurrido. En mis pensamientos intentaba recordar si había pegado una tiro o no a mi abuela el día de la cacería en la residencia, pero resulto que ese día se la llevaron a comer fuera y fue allí donde se infectó. Al no tener dientes, no era una amenaza así que decidieron dejarla en casa con ellos. Posteriormente les presente a Jessica y los gritos de horror de mi madre fueron transformándose en risas al ver que no era agresiva, no si no se lo decía yo. Les intente hacerles una demostración pero ellos rechazaron la propuesta a pesar de que a mí me pareciera divertido. Finalmente nos invitaron a comer y ella se comportó como una dama. Le cortaría los bistecs crudos con una tijera y ella comería con su tenedor como le he enseñado. Así que empezamos a hablar de la situación en el vermut y ellos me ofrecieron cobijo, pero yo lo rechace rotundamente. Ya tenía mi hogar y quería formar familia allí aunque la idea a mi madre no le parecía agradarle del todo. Finalmente nos sentamos en la mesa.

La comida fue emotiva; le explique a mis padres como la conocí, lo mucho que nos queremos y lo bien que se porta. Un día estupendo en familia, quitando algo que me marco. Durante la sobremesa mi padre me hizo una pregunta muy peculiar. “¿Lo habéis hecho?” y yo me quede pensativo. De vuelta a casa la miraba y la cogí de la mano mientras le clavaba mis ojos en su cara. Ella se giró y con su mirada peculiar creo que estaba esperando algo, pero yo no pude hacerle la pregunta que me rondaba durante días por la cabeza. Proseguí con mi vida con ella, masturbándome de vez en cuando, hasta que un domingo durante el baño pasó algo especial.

Estábamos los dos metidos en la bañera y yo limpiaba con ternura su cuerpo con la esponja mientras ella chapoteaba con las manos. Cada vez la veía más cuerda y tranquila. Era como una niña pequeña. Yo me levante de la bañera un poco para tomar el bote de champú y ella inexplicablemente toco mi pene con curiosidad y este correspondió su gesto con una leve erección. Ella parecía divertirle esa reacción, pues no paraba de masajearlo, acariciarlo y balancearlo de lado a lado. Sus gruñidos sonaban a risas cuando la piel cubría el glande y después volvía a aparecer. Y yo, cada vez más excitado, me puse a su lado. Como la bañera era grande no tenía problemas de espacio así que me apegue al máximo a su cuerpo y empecé a besarle el torso con dulzura. Mis labios rodeaban sus pechos erectos y saboreaba su piel mientras mi lengua danzaba, los abrazaba y jugueteaba con sus pezones. Ella me masturbaba con fuerza a la par que yo aumentaba mis caricias en sus senos y mi boquita degustaba cada centímetro de su torso. Su respiración cambio y empezó a masturbarme con una perseverancia atronadora y eyacule sin apenas poder poner freno. Ella quedo impactada por ese hecho y nos fuimos a la cama. Pero no pasó nada más. Durante los baños posteriores, el juego se repetía; yo disfrutaba de su cuerpo y ella de mi pene. Hasta que un día le acaricie su sexo y ella dio un largo gemido, escapando de la bañera rápidamente. Durante días estuvo algo distante respecto a lo que el sexo se refería, pero yo observaba por la mirilla que ella se encerraba y se tocaba felizmente. Y pasaron un par de meses más en los cuales jugábamos de vez en cuando en la bañera y ella se dejaba tocar cada vez más. Creo que llegábamos juntos al orgasmo y seguimos así hasta nuestra cena especial en honor a que había pasado otro mes de relación. Ya llevamos 10.

Esas cenas eran especiales para los dos. Yo solía prepararlas con varios días de antelación. Empezaba buscando un regalo, robando un buen traje y meditaba sobre que menú iba a servir. Normalmente era cualquier rustido para mí y algún granjero soltero para ella. Pero quería algo diferente, era muy importante para mí esa noche. Conocía bien a Jessica y tenía intención de complacerla al máximo. Así que durante la mañana la deje en casa y fui a la ciudad. Sé que ella adoraba la carne fibrosa sin grasas, así que me dirigí a un gimnasio. Espere un par de horas seleccionando lo más adecuado hasta que apareció un chico joven bien musculado. Le invite a tomar un buen vino y el acepto. Hablamos durante un par de horas de él, si estaba sano, si tomaba pastillas para muscularse... necesitaba al detalle todos los datos que pudiera. Nos hicimos amigos rápidamente y lo invite a cenar a casa. Le comente que mi chica estaría encantada de verlo. Pasamos la tarde charlando mientras le daba de beber un selecto brandy, pues dicen que da un sabor exquisito a la carne. Y cuando estaba suficientemente borracho se quedó algo dormido. Rápidamente llame a Jessica que se cambiaba de ropa y serví la cena. Hoy no me importaba que se manchase pues tenía algo muy importante que hacer, era el día elegido.

Nos sentamos en la fornida mesa de roble y en mi lado reinaba el rustido de cordero, el vino y la mantelería de lujo; por contra, en el suyo únicamente estaba aquel muchacho de mi edad desnudo adormilado. Esa noche ella comió con las manos y empezó a jugar con la comida. Yo me reía a carcajadas porque me salpicaba por culpa de sus ansias. Creo que acerté a la hora de seleccionar el manjar. Y comimos hasta quedar satisfechos. Luego ella me ayudo a recoger la mesa y al llevar los restos de su cena al montón de paja y hierba seca, ella puso cara triste. Así que decidí llevarlo al cobertizo y descuartizar sus restos para meterlos en tuppers e írselos sirviendo en raciones calentadas en el microondas; porque si la dejaba picar entre horas, con su gula, luego se sentiría mal al coger algo de peso. Y una vez hecho esto, llego el momento. Ella estaba feliz y tranquila sin bozal, siguiéndome como de costumbre. Creo que empezaba a decir mi nombre, Javier, entre sus gruñidos. La cogí de la mano mientras me arrodillaba. Tome aire y le dije “Jessica, amor mío. Estos diez meses han sido fabulosos. Recuerdo cuando te vi por primera vez con esa elegancia, recuerdo cuando te beso los labios con ese sabor tan amargo. Te amo en todos los sentidos y cada día más. Yo antes era una persona violenta sin escrúpulos; mírame ahora, sería incapaz de matar una mosca. Has sacado el lado más tierno de mí. Deseo tu cuerpo y tu alma hasta el fin de nuestros días. Quiero que seas algo más que mi novia, quiero... ¿Quieres casarte conmigo?”. Rápidamente saque un anillo del bolsillo y se lo puse en sus manos. Yo le enseñe el mío puesto en mi anular mientras que ella reacciono de una manera natural y dulce. Tomo el anillo y se lo acerco a su dedo lo deslizo suavemente por su dedo, pero con un rápido movimiento se llevó a la boca para tragárselo. Yo la observaba con una orgullosa sonrisa. Me había dicho a su modo que si, o eso creía. Total, que empecé a hacer llamadas. La boda seria en 15 días.

Bueno, que decir de las llamadas... apenas pude convencer una docena de personas. Mis padres y la abuela, algún tío que quedaba vivo, unos colegas, alguna amiga de la infancia y un par de granjeros de la zona que seguían con vida porque no me parecían apetitosos. De su familia, poco pude averiguar. Bien recuerdo levemente que en alguna cartera de sus acompañantes del día que nos conocimos, ella salía en una foto familiar. Así que de un modo u otro seguramente los acribille. ¡Ostias! Y como olvidarme de Oliver, mi mejor amigo. Que maquina este hombre... tenía tanto alcohol y drogas en la sangre que a pesar de haber sido mordido varias veces conservaba su personalidad original; un gulas tartamudo algo gilipollas.

Siguiendo con los preparativos me empecé a centrar en la ceremonia. Maestro de ceremonias, vestuario y catering. Dudaba si hacerlo por la iglesia o por lo civil. Al no tener documentación opte por la iglesia; además a mi madre le haría gracia, ya que cuando la invite a la boda se desmayó. Visite unas 5 iglesias y no saque nada en claro. Mi idea era bautizarla y hacer una comunión exprés unos días antes de la boda. Pero todo mi gozo acabo en un pozo. 4 de los curas me querían excomulgar y hacerme un exorcismo, y además, más que una boda me recomendaban una extremaunción para ella. Incluso uno de ellos me hablo de que debería ser quemado como antaño por la Santa Inquisición. A pesar de darme a conocer como Javier ellos siempre me llamaban Hereje. Aunque admito que yo de religión entiendo poco. A bueno, y otro cura nos empezó a disparar mientras hablaba en Latín, pero por suerte tenía poca puntería. Finalmente opte que en vez de una ceremonia haría un convite donde nosotros seriamos los anfitriones. Ahora tocaba la ropa y el catering.

Como sería algo informal, opte por el rojo para ella y el azul marino para mí. Nos hicieron un buen regalo la verdad, pues cuando fuimos a la tienda la mujer empezó a chillar diciéndonos “Coger lo que queráis e iros, pero aléjala, no quiero que me coma”. Yo intente explicarle pero la dependienta no atendía a razones. Fue amable después de todo, pues elegimos el vestido y nos fuimos rápido. Salimos, subimos al coche y cuando volvíamos para casa nos cruzamos con el ejército que iba a toda velocidad. Desde luego parece que los disturbios no han cesado después de tanto tiempo. En fin, cosas que pasan. Pero bueno, antes de ir a casa paramos en un catering de lujo y contrate lo mejor de todo. No iba a escatimar en gastos. Los días pasaban y finalmente todo quedo preparado. Los invitados llegaron y todo estaba dispuesto. Que nervios tenía.

De entrantes pusieron un picapica de exquisiteces mundiales: Caviar, mariscos, quesos y embutidos selectos y cosas más exóticas, delicias que desconocía su nombre; regando nuestros paladares con vinos de una cosecha de antes de nacer yo. Durante el aperitivo Jessica no comió demasiado, excepto los canapés de Carpacho que compartía con mi abuela; aunque acabe diciéndole que no dejara las tostaditas vacías. Luego entramos en la carpa que montaron en el jardín de mi casa y nos sirvieron el primero: Langosta Termidor, oxease, langosta con champiñones y trufa. Luego el plato estrella: Wagyu al estilo japonés, una sabrosa ternera asiática en salsa. Y para terminar, antes de la tarta, un Golden Sundae: bolitas de helado con láminas de oro comestible y selecto chocolate picado. En pocas palabras, un menú sublime. Jessica también disfruto de la comida a su manera. Pasó del Carpacho a la ternera Wagyu cruda, igual que mi abuela. La tarta artesana estaba deliciosa y los licores de gran reserva empezaron a llenar los pesados vasos de cristal. Puros, recuerdo y fotografías enmarcadas de nosotros. Recogimos algún que otro regalo, pero nada especial. Conversamos hasta que el sol se puso y entré a los invitados en casa mientras el catering recogía. Acabaron llevándose el camión y solo quedo el maître. Me disculpe con el reclamándole un poco de tiempo, pues estaba despidiéndome de los invitados. Una vez todos estaban fuera, cogí a Jessica de la mano y fui a hablar con él, que esperaba en su lujoso coche.

Yo tenía mi talonario en la mano esperando el precio de todo. Así por encima calcule unos 50€ por barba, así que pensé en darles hasta propina. El maître me hizo números y me dijo una cantidad astronómica. Mi primera y lógica reacción fue dar dos pasos hacia atrás, mirar a Jessica y decirle “Cómetelo”. Con las cuentas saldadas entramos en casa y nos dimos una ducha rápida. Jessica llevaba dos días sin bozal y estaba tranquilísima, es estupendo estar casado por fin con ella. Caímos rendidos en la cama, aunque quizás no tanto como yo me pensaba.

Nos acostamos en la cama y le bese los labios con dulzura. Ella, por primera vez, me devolvió el beso por iniciativa propia. Sorprendido nos estuvimos dando besitos y jugando con nuestros mofletes, cuello y lóbulos. Arriesgando mi vida, le di un ligero beso con lengua y le gustó. Nuestras lenguas volvieron a rozarse y empezaron a danzar mientras su alimonada saliva se mezclaba con la mía. Empecé a pasar mis yemas por su espalda y sus manos frotaban mis hombros. Nos abrazamos mientras estábamos uno frente al otro, tumbados. Sus manos acariciaban mi espalda y sus pechos fríos presionaban contra mi torso, y se iban endureciendo al ritmo que nuestros besos y lametones eran más intensos. Mis manos pasaron de su espalda a su abdomen, surcando por su cicatriz en dirección a su busto. Tome sus senos entre mis manos, acariciándolos mientras los relamía. Estaba excitadísimo y ella empezó a masturbarme mientras yo le prestaba toda mi atención a sus pechos.

Una de mis manos empezó a descender hasta sus muslos pasando por su cintura y cadera. Mis dedos acariciaban sus labios de arriba abajo, descansando en su clítoris mientras hacían minúsculos círculos sobre él. Ella comenzó a lamer mi cuello, a agarrarme mis labios con los suyos, sin llegar a morderme. La notaba excitada y segura de que no iba a hacerme nada malo. Se lamia sus dedos y me los frotaba por mi pecho y pene. Suavemente la volteé boca arriba, poniendo mi cuerpo sobre el suyo. Introduje mi lengua en su boca amarga, pero a la vez adictiva; luego la deslice por su cuello, escote, abdomen y frene con un sonoro beso en la parte superior de su ingle. Tocaba algo nuevo y hoy era el momento idóneo.

Deslice la punta de mi nariz desde su vagina hasta su clítoris. Un hedor ácido invadió mi olfato y mis ojos se cristalizaron, supongo que por la emoción del momento. Mi lengua rozo con suavidad su clítoris y ella se mostraba risueña. Con eróticos gruñidos, sus manos palpaban sus pechos y su lengua se movía en su boca como la mía en su ingle. Conduje mi lengua hasta sus labios superiores y me los metí en la boca mientras los saboreaba. Su flujo semigelatinoso avinagrado tomo mis papilas gustativas y rápidamente aparte mi boca. Cerré los ojos con fuerza mientras controlaba mis arcadas y con espasmos encogía los hombros. Pero mi deber era complacerla y mientras luchaba contra las náuseas, encontré más afable su sabor. Mi lengua y mis labios jugaron un largo rato con todo su pubis sin dejar ni un centímetro de piel huérfano de amor. Ella empezó a tocarme el pelo mientras sus muslos atrapaban con fuerza mi cabeza. Unos espasmos fueron el preludio de su clímax en mi boca.

Después de eso subí dándole besos hasta su cuello. Arrime mi pene a su vulva y empecé a rozarme con ella. Ella no dejaba de besarme la boca con pasión y yo de acariciar su pelo. Un suave movimiento de cadera introdujo lentamente mi pene dentro de ella, que gemía de placer. A la par que el ritmo aumentaba ella se mostraba más exaltada, así que decidí cambiar de postura. Puse a Jessica a gatas sobre la cama e incline su espalda hasta que su cabeza quedase apoyada sobre la almohada. Mi penetración empezó a ser más rápida y profunda, me notaba cómodo dentro de ella a pesar de un leve escozor y el gélido interior de su vagina. Mi cadera se movía con soltura mientras mis manos masajeaban sus caderas. Uno de mis dedos empezó a masturbar dulcemente su ano mientras ella despedazaba la almohada con sus dientes. No pude aguantar demasiado tiempo y eyacule dentro de ella en el momento en que sus contracciones predecían su clímax. Fue mágico y maravilloso. Jessica se sentó en la cama mirándome contenta mientras apuraba un cigarro. Esa noche comprendí lo fiel que era, quería esperar al matrimonio.

Durante los siguientes días, nuestra vida cambio más bien poco. Lamento el no poder ir de luna de miel con ella, ciertamente nunca he llegado a comprender porque ninguna agencia de viaje nos quiso asesorar. Entonces pase a planificar el siguiente paso en nuestra relación, los niños. Y a día de hoy continuo con la duda de que si soy estéril o no, pues hacíamos el amor diariamente un par de veces. Y probar, probamos de todo aunque siempre acabáramos de la misma manera. Las almohadas y los test de embarazo entraban a casa por cajas, pero duraban poco. Ella cuando se excitaba descuartizaba las almohadas y los test de embarazo siempre mostraban un color purpura brillante, color que no salía en el prospecto. Pero esta mañana, cometí un grave error.

Después de los besos y caricias, yo me dirigía a practicarle el cunnilingus que a ella tanto le gusta. Ella estaba muy activa y acabo empujándome sobre la cama. Acariciaba mi pene y le empezó a dar besos. Me comencé a poner nervioso porque lo único que no habíamos hecho era una felación.
Empezó a meterse mi pene dulcemente en la boca, succionándolo mientras su lengua lo palpaba. También acariciaba mis testículos con soltura. Tenía un don. Yo tuve la maravillosa idea de compartir ese momento y le propuse un 69. Ella me miraba seria, con un gesto de inocencia. Una vez en la postura ella continúo su magnífica tarea mientras yo estimulaba su sexo. Con las manos libres y la excitación comencé a estimular su ano con suavidad y ella lubricaba muchísimo. Ambos al borde del clímax ella aumento la velocidad a ritmos vertiginosos mientras yo le masturbaba con un dildo anal. Sin percatarme de nada, ella empezó a lanzarme ligeros mordiscos sobre mi glande y la sangre activo sus instintos devorándome el pene por la excitación. Yo chille y ella asustada se levantó de la cama. “¿Por qué?”, lamente entre lágrimas y sudores fríos.

Y aquí estoy ahora. En un hospital con la boca amordazada escribiendo mis últimas voluntades. La herida esta suturada pero no me queda mucho tiempo. No hay cura, al menos por ahora. Yo solo pido que Jessica cuide de mí. Solo pido que me dejen libre en mi granja donde por fin he sido feliz. El mensaje que quiero dar al mundo no es que no os relacionéis sentimentalmente con un zombi o que os dejéis hacer una felación por ellos. Si no que no sobrexcites a quien tiene tu pene en la boca.



Primer Relato Impreso en “Escalabrosos relatos de poco miedo” de una Editorial Amateur con tirada de 50 ejemplares.

lunes, 7 de junio de 2010

La Leyenda de Ainhoa

Cuenta la leyenda que la noche de luna llena del 30 de diciembre de 1983 tras romper las ultimas campanadas un ángel descansaba al borde de un pequeño islote del lago de Salburúa. Boca arriba contemplaba la luna hipnotizado mientras por su cabeza corrían ideas de inigualable belleza. Los minutos pasaban en balde sin importarle demasiado donde iba a batir sus alas. El invierno comenzaba a ser presente y la brisa dulce proveniente de la flora inspiraba mas y mas al viajero alado, cada vez mas introvertido. La paz era tan grande que el silencio no natural era totalmente nulo.




Una pequeña discusión entre un par de visones altero al ángel que ascendía con rapidez, pero antes de alcanzar una altura considerable se revolvió con curiosidad y sonriendo volvió a tomar el vuelo. Una de sus plumas se dispendio entremezclado entre la brisa viajando sin rumbo y cobrando mágicamente la vida. Dulce alma a esperas de ver mundo y pluma transformada por magia en un don celestial. Dos cosas tan distintas y destinadas a encontrarse cuando por fin un hermoso bebe que vio la luz dio su primer suspiro, abriendo su alma a la magia. La mezcla fusionada en niña descansaba tras su viaje rodeada de curiosas miradas, custodiada por un ramo de espino albar. Flores que llamo la atención a sus progenitores recordando la estampa de la virgen Ainhoa.




Y así fue llamada, dando honor a la virgen. Con espíritu dulce y puro, sin importarle demasiado las pequeñas pequitas, semejante a la flor que la custodiaba. Un flor hecha fémina, de largo tallo y dulce néctar a modo de sangre que es bombeada por un valioso corazón. Flamante cabellera que bordean un rostro angelical. Capaz de conquistar todo y tan noble que a su vez guarda su magia para esa persona que quedara hechizada y locamente enamorada por su sonrisa. Ainhoa, que no necesita hacer el bien, aunque no sepas hacer otra cosa. Con el don de un ángel y tu que no dejas de hacer progresos para alcanzar ese cielo que ya tenias abierto el mismo día de tu nacimiento.

martes, 4 de mayo de 2010

Sin 5 sentidos

No veo, no huelo, no oigo, no toco y por postres tengo la boca seca por respirar por ella. Atado con las manos a la espalda con una cinta de algodón y un vendaje de terciopelo que aislá todo lo que tengo por encima de mis labios. De pie a las ordenes de ella...

Noto unos dedos surcar mi cuello directos a mi boca. Acarician mis labios y los beso. Pero rápidamente desaparecen. Dos palmas rozan mi pecho y bajan hasta mis muslos. Noto un beso en mi miembro y de nuevo paz. Ahora toca aire, un cálido aliento recorre cada centímetro de mi cuerpo, ademas de un centenar de besos; labios que se paran aleatoriamente sin ninguna regla. De golpe noto una lengua dentro de mi boca, un largo beso que casi me deja sin respiración... me quedo jadeando pero excitado.

Recupero mi olfato, de nuevo tengo la nariz libre... y empiezo a respirar mejor. Algo se acerca a mis labios; erecto, suave... recorro con mi lengua cada centímetro del pezón que tengo al alcance de mi boca. Se aleja y vuelve su gemelo. Me tumban boca arriba y yo sigo sin escuchar, ver o tocar nada. Un frío cubito o eso creo, recorre mi pecho; seguido de una cálida lengua que me seca las pocas gotas heladas que quedan. Erecto, su lengua abraza mi pene para luego ascender y descender. Finalmente acaba dentro de su húmeda boca y apenas tengo libertad para estremecerme. Me lo lame, besa, toca... la tensión se me acumula y no creo que aguante mucho mas. Pero de golpe todo para, para bien o mal. No se cual sera su siguiente carta pero de nuevo estoy de pie. Me sueltan de manos y me acerca hacia ella, o eso creo. Que expectación...

Creo que ella esta tumbada pues me hace ponerme a gatas encima de ella y yo sigo sin ver ni oír. Me toma de la nuca y me acerca a su boca. No puedo tocarla... solo olerla y besarla. Noto sus labios carnosos entre los míos, su lengua bailando con la miá... pero me hace bajar al cuello. Noto algún sabor dulce, que baja poco a poco. Sigo el rastro con mi lengua y paso de su cuello a sus pechos, de sus pechos a su ombligo, de su ombligo a sus muslos; Y alcanzo su vagina. Palpo con la lengua y voy probando, guiándome lo que mas le gusta por el calor, por sus movimientos. Noto el sabor adictivo de su néctar y no puedo parar. Estamos ambos a cien, lo noto... pero hoy no mando yo.

Tras un rato me toma de la barbilla y me hace subir. Su mano coge mi duro pene y empieza a bailar por fuera de su vulva, para posteriormente entrar con una extrema facilidad. Tomándome de la nuca me empieza a besar en introduce los dedos envueltos en su néctar en mi boca. Los saboreo pero los noto algo diferente al gusto de antes. Me pone el alto y me tumba boca arriba otra vez. Me ata de pies y manos a extremo de la cama... y de nuevo me siento dentro de ella, sin embargo la noto algo mas tensa y menos húmeda. Los sentidos me empiezan a jugar malas pasadas.

Sin venir a cuento noto algo encima de mi barbilla, empiezo a palpar con la lengua y eso de nuevo el antiguo sabor. ¡Ostias! ¡Resulta que son dos!. La excitaron es máxima y no puedo de dejar de degustar el placer ante mi mientras el coito empieza a ser demasiado largo para mi. Mi cuerpo se estremece y de golpe ambas salen de encima mio. Sus dos lenguas recorren mi pene mientras yo irremediablemente eyaculo sobre ellas. Pero la cosa parece no acabar pues se esfuerzan en endurecerme el pene de nuevo y parece que lo consiguen con relativa facilidad. Me aflojan el vendaje de la cara y recupero el oido, pero sigo a oscuras.

El ruido excitante de la doble felación pronto acaba cuando de nuevo otro de las vaginas envuelven mi pene de nuevo. Las nalgas de una de ellas se aposentan sobre mi y me ponen en bandeja por detrás su vagina y ano. Mi lengua recorre el metafórico valle de arriba a bajo mientras unos dedos masturban el ano. Oído gemidos, besos y el vaivén su entrepierna que amortigua con la miá. Sobre mi pene hay mas movimiento y creo que es una mano que masaje el clítoris de mi prisión. Noto los espasmos, la sobre lubricación de la vagina y un largo gemido seguido de un jadeo. Se intercambian posturas y ahora unos muslos se asientan en mi pecho y dejan la vulva a la altura de mi barbilla.

El próximo coito es mas lento, noto un ano hambriento que poco a poco me va devorando al ritmo de unos grandes gemidos. Mientras una mano coje con fuerza mi cabello acercándome hacia la boca de la vagina con la cabeza rodeado entra sus piernas. Incesante circulo vicioso que acaba cuando empiezo a notarme preso de unos muslos por la cabeza, unas afiladas uñas que agarran mis rodillas con fuerza y un cuerpo que vuelve a irse. Eyaculo con fuerza dentro del culo mientras me “ahogo” en flujo por la boca. Los tres caemos rendidos, ni respiración o fuerza. Se tumban una a cada lado y luchamos por el poco aire fresco que queda.

De golpe me sueltan y me quitan la venda. Me veo a mi amante de pie con una cámara en la mano y a lado y lado dos gemelas amigas de ella. Sorprendido y en shock, ellas se levantan y se sientan en sendas butacas colocadas a lado y lado de la cama. Expectante situación y largo silencio que se rompe cuando mi amante me dice “Ahora me toca a mi”, tomando mi miembro entre sus manos y reanimandolo... Sigo pensando el que ha pasado cuando de nuevo ya vuelvo a estar empalmado.

Rebecca, esto me la pagaras caro...

domingo, 2 de mayo de 2010

Ser

Erase una vez un pueblo muy lejano donde un solo ser vivía envuelto de espectros
Ser alguno pudo comprender su dolor y lo tachaban de loco
Y este ser descubrió que la razón de su padecer era su locura
Las lenguas no se equivocaban, pero los espectros al ser se lo negaban
Huyendo encontró refugio en ninguna parte, y ser decidió destino alguno
Y grito: - Si he de ser llevado por el camino de la amargura y escapar de la muerte
Que la gente se entere que ningún ser podrá contener mi amargo andar
Que ser libre es igual de importante que el padecer de preso
Que el castigo eterno no puede ser se soluciona con un solo hecho
Y solo pido ser devorado por eterna nube negra a la que llamáis soledad
Para salir de ella y reencontrarme con ese ser, mi arcángel perdido
Pero que por caprichos del destino nunca más podre este ser podrá besar
Y es cuando este ser cansado y desvalido al fin podrá descansar
Sin ser el castigo de una alma sin más culpa que el amar –
Al final el ser fue devorado por sus miedos y sin cordura salto por el precipicio
Y dicen las viejas lenguas que jamás el ser volvió a tocar luego alguno
Ser eterno sin final más amargo que su partida sin rumbo ni destino

La Leyenda de Astrid

Dice la leyenda que allá por el fin de la primavera de MCMLXXXVII un pétalo de rosa se dejo llevar por corrientes celestiales y emigro a mejores parajes, donde las nubes abundan. Pero fue empuñado por un ser alado y este quedo fecundado. Pocos días pasaron cuando un nuevo ser nació del alado. Bello, delicado, único y hembra… Se oyó un estruendo, que retumbo el cielo y el mar, un grito de horror... Pero tras la tormenta llego la calma, y el horror pasó a ser milagro. Pues no hay ángel unisexual, sino el asexualismo es lo mandado.

Ella fue adorada y gratificada, pero también envidiada. Con el tiempo la euforia se fue apagando y el mal estar se generalizo, hasta el punto de ser odiada y expulsada. No por mal alguno, sino por reprimendas estéticas.

Voló por tierras y mares, buscando cobijo de un tiempo lluvioso. Entre tenebrosidades y alboradas, llego el frió invernal. Padeciendo nieves y ventiscas perdió fuerzas y ganas de luchar. Callo al vacío, hacia ningún lugar, pero antes de tocar suelo alguno noto de nuevo calor. El calor que da el abrazo de una madre. Por fin dio con ella, su mente no pensaba en nada más. Quería volver a empezar, olvidar todo lo demás. Olvido el hablar, el caminar, el volar… sus alas se neutralizaron. No volvió alzar el vuelo jamás, porque aquí codiciaba permanecer.

Nueva vida, nueva identidad. Renacida en los brazos de su nueva madre. Astrid fue nombrada, porque resistió el frió crudo… porque tenia “la Fuerza de Dios”.


XXVII Febrero de 1988

Elfos del Placer

Quizás tu ética te impida comprender esta situación pero mirate, estamos solos en este pequeño antro sin mediar mas palabra que un hola y con una simple mirada has conseguido que me hierva la sangre. Encerrados en el baño por culpa de una mirada desafiante. No hay batallón alguno capaz de detener mi asalto a tus labios. No queremos palabras, con la respiración nos vasta para saber lo que queremos y como.

Empiezo por besar tus tirantes y nerviosos labios que se humedecen cada vez que tragas saliva por la tensión del momento. Lengua con lengua, eternamente bailando mientras tus brazos me presionan el cuello acercando si es aun mas posible tu cuerpo contra el mio. Impulso de carga y te siento en el mármol pálido del lavamanos. A tu merced rodeado por tus piernas y brazos noto calor, excitación... Poco tiempo duraron puestos nuestros ocasionales atuendos aposentados de hombro a cintura, dejando al descubierto nuestros bustos desnudos. Correspondiendo a tal situación me encontré besando tus senos tensos, sin perder respeto a tu cuello y labios.

Poco tardaron a llegar los gemidos suaves, tus mordiscos y los sonoros latidos. Arrancándote el resto de ropa elegantemente me encontré ante tu bello cuerpo fogoso sentado esperando ser atracado. Abrazando con cada brazo tus muslos los fui mordiendo y besando hasta llegar al centro de la fogata, para entremezclar entre fluidos mi lengua en busca de cualquier señal de placer. Recuerdo como clavavas tus uñas con rabia en mis hombros mientras aguantabas las ganas de chillar.

De pronto tus muslos se cerraron encarcelando mi cabeza entre tus piernas mientras no parabas de temblequear. Con la mirada nublada y ruborosos pómulos buscabas incesante entre mi bragueta el siguiente coprotagonista, masturbandolo a modo de asegurarte que estaba suficiente duro y lubricado. Cogí tus muñecas y suavemente formamos uno solo. El suave vaivén rápidamente se transformo en rápidas arremetidas. Tus brazos rodearon mi torso y los míos tu espalda, fusionando cada milímetro de nuestro cuerpo para abandonar ese rol de sedentarismo. Tu cuerpo suspendido en el aire se deslizaba arriba y abajo, tan sudoroso y caliente, que el tiempo para nosotros avanzaba entre gemido y gemido. Pasos en falso me hicieron chocar contra la pared a modo de barrera y allí se desencadenaron las ultimas rápidas mecidas hasta que mi cuerpo se petrifico. El ultimo espasmo fue el preludio de mi inconsciente descarga, momento en que nuestros labios se entrelazaron en un largo beso mientras mi pelvis sufría pequeños espasmos.

Cuando logramos recuperar la conciencia nos vestimos y abandonamos el lugar. En aquel ultimo semáforo que separaba nuestros destinos, sin mediar palabra desde que nos encontramos en el bar, nos miramos y nos dijimos adiós con dos cordiales besos. A la docena de pasos ambos nos giramos, nos miramos y dos tímidos llamame salieron a la vez de nuestros labios.

De eso hace ya dos días y ahora que pienso apenas recuerdo tu voz. Me decido a coger el móvil y mientras te busco en la agenda recibo tu llamada, diciendo tímidamente el lugar y la hora. Cuando llego a destino nos saludamos cordialmente, me coges de la muñeca y de un fuerte tirón me vuelves a llevar a otra vez al final del pasillo donde esta el servicio de aquel concurrido bar y vuelta a empezar...

Dejavus Cumplidos

Que de nervios. Es increíble, inmaculada, perfecta... miro al cielo por la luna de mi coche, mientras espero a que entre el todoterreno de delante en la parcela, y digo al de arriba “Gracias por este ángel”. Finalmente aparco mi coche al lado del suyo, bajo de este, miro a mi alrededor y sonrio. Ella esta de pie esperando en la puerta del garaje y yo paso mi mano por el capo de su todoterreno mientras me bombardean en la mente imágenes prefabricadas irreales.

Los dejavus continúan mientras ella con orgullo me enseña su palacio. Y no logro concentrarme entre el batir de su culito bien escoltado por unos vaqueros y los dejavus. Al fin acabamos en su cuarto después de la visita turística, que con tanto orgullo ella me a guiado. Se sienta en la cama exhausta de vibrante día y me sonríe.

Te amo mi niño – Dice con orgullo
Y yo, y yo, y yo... - Sonrió con cara de sentirme en el cielo
¿Que pasa? Te veo algo pensativo
Nada, recuerdos... deseos... sueños... y ahora realidad. Es como si ya estuviera antes aquí y no puedo impedir tener esta sensación tan placentera...

Ella empezá a reírse, oliéndose el porque de mis palabras. Da una palmada en la cama dándome pie a tomar asiento y de nuevo volvemos a mezclar nuestros labios. Pero esta vez es diferente. Estamos solos, ajenos a todo lo que no fuera ella y yo. Mi mano recorre su cuello dulcemente mientras ella me abraza con fuerza. Colorada, me mira con miedo y la noto excitada; supongo que como yo. Acaricio su espalda y pongo una de mis manos encima de su vaquero próxima a la rodilla tocando su muslo con suavidad mientras, entre beso y beso, nos decimos cosas preciosas. No me atrevo a introducir mi mano debajo de su camiseta, pero el miedo se pierde al mismo ritmo que parece perderlo ella. No se quien tiene mas vergüenza de los dos, pero es tan divertido y excitante...

Acabo por descubrir su torno y besar su cuello, pecho; mientras la envuelvo con mis caricias. Sus ojos brillantes, su respiración, su silencio... cuanta pasión y amor se respira. Sentimientos aparte, la deseo tanto...

Mi mano apretá con firmeza su muslo y empieza a dirigirse a si culo, palpando cada centímetro y bailando en círculos por toda su cadera. Ella me descamisa y empieza a besar mi pecho mientras mi mano ya se situá en su entrepierna, custodiada por sus vaqueros. A pesar del grosor de la tela, noto el calor y los latidos de su cueva del desquicio. Los cristales de la alcoba empañados, demuestran la tensión de la escena y el calor cada vez mas intenso nos obliga a quitarnos los pantalones y a quedarnos en ropa interior.

Desabrocho su sostén con suavidad sin apartar mis labios de sus pechos, descubriendo del todo sus pezones erectos. Uno a uno los saboreo a conciencia mientras ella acaricia mi pene oculto tras los boxers negros. Tras un rápido gesto mi pene queda al aire. Ella empieza a acariciarlo y se lo introduce en su boca. Noto su lengua húmeda y arropando mi miembro, y yo no tengo otra manera de agradecerle tal hazaña que tocar su espalda y pechos con ternura. Los ruidos de su boca, el calor de su lengua y saliva... escalofriante sensación que me lleva al placer divino.

Bien erecto y antes de saciarme al competo me abalanzo sobre ella y le tomo los muslos después de tumbarla boca arriba. Besos y mordisquitos se alternan entre sus muslos hasta llegar a su entrepierna. Beso con dulzura sus tanga y lo bajo suavemente ayudado por mis dientes, descubriendo su monte de venus. Mi lengua se desliza por encima de su clítoris y baja por sus labios húmedos para luego volver a subir. Introduzco uno de mis dedos en su lubricada vagina mientras con movimientos circulares de lengua estimulo su clítoris. Ella se retuerce un poco y me empuja con dulzura con intención de tumbarme.

Una vez tumbado y de espaldas a mi vista, con sus piernas a lado y lado de mi cabeza, aposenta su vagina en mi boca y yo le respondo con mi lengua loca. Ella inclina su cuerpo hacia delante para meterse de nuevo mi pene en la boca, mientras acaricia mis testículos. Yo por mi lado manoseo sus muslos mientras tensiono mi lengua, que se introduce en su vagina alternamente. Ayudado por su propio flujo, lubrico uno de mis dedos y masajeo su ano mientras no paro de lamer su vagina por completo. Un gran gemido placentero marca el inicio de la masturbación anal. Ella cada vez mas húmeda, igual que yo empieza a perder la coordinación. Ambos damos fugaces estímulos, uno al otro.

Cuando creíamos que no aguantaríamos mucho mas, ella se levanta para sentarse de espaldas en mi pene. Deslizándose por fuera de su vagina, rápidamente entra por culpa de la total lubricación natural. Las embestida empiezan a aumentar de ritmo y ella se echa para atrás. Con su espalda en mi pecho, la rodeo con mis brazos y le beso el cuello mientras estimulo sus pechos con mis manos, sin dejarla ni un segundo de penetrar. Nuestras respiraciones se coordinan y no dejan de aumentar de manera exponencial. Tomo un leve respiro y la recuesto boca arriba de nuevo, desde encima de nuevo la empiezo a penetrar mientras le beso la boca, recostando su cabeza en mi brazo. Nuestros pómulos cada vez están mas rojizos y la sudoración es mas que evidente.

Los cuerpos tensos empiezan a dar ligeras convulsiones. Un escalofrió da el pistoletazo de salida a las ultimas arremetidas rápidas para acabar eyaculando dentro de ella, notando como ella a su vez me aprisiona con pequeños espasmos vaginales provocados por su clímax. Fundidos el uno con el otro recuperamos el aliento dándonos besitos. Dejamos caer cada cuerpo asfixiado a lado y lado de la cama para tomar aire. Mezclados en un abrazo estamos recuperando oxigeno para luego darnos un buen baño, lo ultimo que le digo al oído es Te Amo. Creo que me estoy durmiendo, por primera vez, junto a ella...

Tequila Sunrise

Llevo un día bastante peculiar, perdida en mis pensamientos y me siento tan sola como ayer. A pesar de ir acompañada de mi mejor amiga Jennifer, cruzar la ciudad al borde del medio día es un castigo para cualquier mente. Ansiosa por salir del coche aparco en el primer hueco que veo y me llevo arrastras a mi amiga a la primera cafetería que vea. Entramos en una un tanto peculiar. Parket y terciopelo granate, tonos dorados que reinaban el lujoso local. Cuanta elegancia y exclusividad. Tomamos asiento y empezamos ha hablar después de haber estado durante cerca de dos horas cantando canciones de Camila en medio del horrible atasco.

Iris, estas muy rara. - Me pregunta Jennifer-
¿A que te refieres? - Contesto yo
No lo se, pero te noto activa y ausente.
Sensaciones incompatibles, a mi parecer... - Respondo con intriga
Que va. Hoy no eres la misma. Tienes que aprender a tomar las riendas de tu vida.
Damiselas, bienvenidas. ¿Que les puedo ofrecer? - Interrumpe una masculina voz

Levanto mi mirada y sorprendida por un esbelto barón de unos 30 años moreno y con cara simpática. Percha de un elegante pantalón pinzado, una camisa sedosa clara con corbata y un chaleco italiano.

Dos Tequilas Sunrise por favor. - Responso tras una alargada pausa
A su servicio. My Lady.

No podía de dejar de mirarle el culo mientras danzaba hacia la barra y al poco tiempo volvía con nuestras bebidas. Jennifer de mientras hablaba, pero admito que no le presto atención. Estoy hechizada por el.

Deseo cumplido – Contesta él mientras pone a nuestra disposición las copas.

Dos tequilas y medio después, noto como mi cuerpo arde por dentro y mis bragitas se van humedeciendo poco a poco. ¿Sera el tequila? ¿El hecho que desde un rato me estoy acariciando el lóbulo de la oreja con ternura? ¿O quizás el hecho de que no pueda de dejar de mirar al desconocido camarero mientras se desenvuelve en la barra entre sus compañeros?. Creo que todo influye y me levanto decidida hacia la barra para pedirle la llave del lavabo. Tras dármela me dirijo hacia este con algo de prisa. Tengo la necesidad de tocarme, no aguanto este sofoco. Introduzco la llave en el pomo y la saco de golpe, tengo una idea mejor. Me dirijo de nuevo a la barra mientras con sorpresa el camarero me observa.

Disculpa, la puerta no se abre
Le ayudare, puede que este mal cerrada. Alguna vez ya paso señorita. Lamento las molestias que le pueda causar esta incidencia.

Mientras él abría la puerta con una lógica facilidad y algo sorprendido por ello; yo lo cojo por la cintura y le empiezo a besar el cuello. Él se gira a la defensiva y yo le tomo de su corbata con firmeza y entro con él a un cuarto de que pone privado.

Me desahogo de mi blusa escotada y pongo su cabeza entre mis pechos erectos. Poco a poco va cogiendo la química de mi juego mientras le bajo la bragueta y empiezo a acariciar su pene que poco a poco se va poniendo erecto y caliente. Tras el primer rifirrafe desnudamos por completo nuestros torsos y empezamos a besarnos en la oscuridad La lujuria invade el anónimo cuarto sin saber que hay y que no. Vamos danzando en la oscuridad rozando nuestros cuerpos mientras le masturbo rápidamente, hasta que topamos con algo.

Él me toma de la cintura y me sienta en una especie de nevera y mete su cabeza entre mis piernas. Noto su lengua caliente a través de mis húmedas braguillas mientras juego con mis dedos envueltos en saliva con mis pezones erectos. La minifalda desaparece tras bajarme la cremallera y las bragitas bajan atrapadas entre sus dientes. Yo desnuda a merced de su lengua y sus dedos estoy ansiosa. Descalzada empiezo a masturbarle con los pies entretanto él, aun mas excitado, pierde su lengua dentro de mi. Finalmente decide deshacerse de la ropa que le queda y se acerca a mi cuerpo.

Noto su pene robusto rozando mi vagina y danzando por el exterior desde el clítoris al orificio de la vagina. De golpe se abre la puerta y aparece Jennifer preguntado por mi, algo extrañada. Se enciende la luz y nos encuentra en el acto. Su cara de espanto lucha con su expresión de sorpresa.

Rápidamente la tomo de las muñecas, la meto hacia dentro del cuarto y cierro la puerta. Por autoreflejo se muestra algo reticente a lo que ve y su expresión muestra miedo pues asimila mis intenciones. Pero mi mente es mas rápida. Tomo la corbata y la amordazo. La tumbamos forzadamente en un largo banco, que utilizan ellos en aquel almacén vestidor, y la desnudo con algo de prisa para lamer su vagina mientras ella me apretá la cabeza entre sus muslos. Yo estoy de rodillas inclinada hacia adelante encima del mismo banco que ella mientras prosigo con mi experimental y novedoso manjar.

De golpe noto como me penetran por detrás suavemente y aumenta el ritmo lentamente, quizás a la misma velocidad que disminuye la presión de las nalgas de mi amiga. Tras unos instantes de nuevo la puerta se abre y dos siluetas sonrientes e igual de excitantes para mi entran. El turno de la tarde parece que llega antes y yo insaciable. “Bienvenidos, acercaos sin miedo”. Mi primera victima se sienta sorprendida en el banco empalmado y mi amiga, ya excitada, no para de masturbarse. Ellos, los nuevos, empalmados miran ipsofactos la extraña escena mientras yo ya tengo uno de sus penes en la boca y el otro entre mis manos.

Mi amiga medio borracha de tequila y placer se levanta, los desnuda y me ayuda con ellos. Desde el banco mi cómplice se masturba con esmero al ver tal escena. Y yo que soy muy altruista rápidamente me siento sobre el huérfano pene de mi amigo mientras me traigo uno de los afortunados al alcance de mi boca para continuar la felación.

A rato me encontraba encima de mi desconocido favorito danzando con mis pechos entre sus labios mientras otro penetraba mi hasta hoy virgen ano con especial tacto. Me notaba completa, cachonda y algo agotada. A parte, Jennifer disfrutaba sentada en la nevera con el suyo que no abandono desde que entro. Durante unos 10 minutos la sala se lleno de gemidos y un aroma afrutado de nuestros cuerpos exaltados.

Finalmente uno a uno vamos cayendo en el orgasmo y en el abandono de nuestras fuerzas. Me notaba algo sucia y muy agotada, pero feliz.

Tras una pausa para tomar aliento, uno a uno nos fuimos vistiendo y danzamos fuera de la sala como si no pasara nada. Abandonamos el local sin pagar y una vez subidas en el coche totalmente enrojecida miro a mi amiga y una suave voz dice:

Jennifer, lo siento. Yo...
Iris. Has bebido mucho, esto no me lo vuelvas a hacer.
No se por que, pero...
No hay escusas, sabes. ¡No se puede conducir bebida! Vayamos andado a mi casa, comamos algo, te dejo algo de ropa y luego vamos a tomar algo...

Jennifer finalmente sonrió con una novedosa picardia. Y yo no puedo responder nada mas que con un eufórico “¡Vale!”

Bloody 2010. Capitulo III: La cueva de Tito

El grupo se dirigía con los prisioneros, que empezaban a entrar en razón, a la cueva de aquel extraño tipo llamado Tito.

- ¡Flipantente! Puto supositorio que va y hace ¡PUM! Y venga… todos los sesos saltando por los aires. – decía Tito con cara orgásmica.

- Ya ves… pero el que me tiene preocupado es Eso. No se que tal le va a sentir el enterarse que es un monstruo. – Contesta Morguem con preocupación

- Joder colega, si lo tiene que tener asumido… fijo que cuando nació su madre pillo un trauma. Si parece que hubiera nacido en una clínica veterinaria.

- No, gilipollas… aparte de eso. Me refiero a la mutación

- ¡Ah! Vale. No si ya de decía yo que no había bebido suficiente anticongelante esta mañana. Puta fabrica de Vodka, se creía que iba a poder conmigo y tengo mi hígado intacto.

El grupo llega a la entrada y Tito se saca un cigarro, lo toma con los labios; pero antes de encenderlo Morguem se lo roba, lo enciende el y con cara de placer lo va consumiendo.

Tito se vuelve con tal malas pulgas que le apunta a la cara al usurpador de barritas de cáncer, Morguem le contesta con la misma carta y Nowings apunta a ambos a la vez.

El grupo se arma rápidamente a la vez que un múltiple recargo de munición sale de la cueva. La situación es tan tensa y rígida que únicamente es interrumpida por el movimiento de Morguem al sacudir el cigarrillo para deshacerse del tabaco ya consumido.

- ¡Niños dejaos de jueguecitos absurdos! ¿Me estáis diciendo que después de matar a todos esos insensatos nos vamos a disparar unos a otros por culpa de un puto cigarro? Por favor… - decía con firmeza Nowings

De pronto el silencio se volvía a romper, del interior de la cueva y entre los pelotones de Tito salir una silueta que al momento decía:

- Vaya par de mariconas, daros un besito de buenas noches… cuanto amor se respira.

Un varón, también con gorra y sobre una silla de ruedas mecanizada.

- Calla minusválido, y vete a aparcar tu culo a la zona reservada para gente como tu. – Le contesta Tito

- Anda perra, que sabes que voy así porque me da la gana. Es la única manera de ir con el ordenador a todas partes. – Responde el extraño

- Venga va… Forthree ¡Si todos sabes aquí que en las noches frías conectas tu Ipene a tu PC hasta que da Error!

- Bueno, si nos vas a dar cobijo ya tardas nene, que tenemos algunos tocados y no tengo ganas de perder a los que ya están domesticados… - Nowings, rompedora como siempre

Morguem - ¡Suerte!

Forthree - ¡Vaya pavón!

Morguem – Necesitaras mas que tus baterías de litio para impresionarla

Tito – Y tu escoria, la próxima vez que me robes un piti te calo fuego…

Morguem – Inténtalo…

Y ambos salen corriendo como niños hacia la cueva mientras el resto del grupo se presenta al de Tito. Y la noche va cayendo lentamente mientras Lita y J.R. reposan sus heridas. La borrachera por la victoria fue tal que pocos aguantaron aquel duro asalto de anticongelante. Y a pesar de algunas bajas por intoxicación etílica al grupo de daba igual… era carne de cañón fácil de cosechar.